El libro Juan Rulfo, el arte del silencio, se lanzará en España en Ediciones Omega dentro de la colección Vidas Literarias, dirigida por Amat.
La escritora catalana se propuso ante todo una biografía literaria, dice que la vida cotidiana del escritor, la deja a los cronistas. En esta biografía se tejen elementos entre la vida y la obra del escritor jalisciense; las constantes no son desconocidas para sus lectores: violencia, muerte, pérdida, búsqueda del origen.
Amat deja intacta la imagen del escritor frágil, casi desvalido, con una sombra de melancolía que se observa en las fotografías de la infancia: rostro ceñido, mirada absorta, desazón palpable. Amat aborda las leyendas de Juan Pérez Vizcaíno, pero cree que no hay necesidad de desmitificar la figura de un escritor de tal importancia. Y de su facilidad para mentir dice: "Rulfo profesa la mentira como deporte de vida y piensa que mentir es el único modo de hacer literatura".
Esta biografía recupera vetas del árbol genealógico del escritor. Y alguna revelación de la vida cotidiana, o secreto a voces, se reconocerán en la "Selección de Textos" que se incluyen al final de la biografía, junto con una sucinta cronología. La escritora catalana respondió algunas preguntas sobre su biografía.
¿Cómo surgió su interés
por Rulfo?
Fue un deslumbramiento total. Descubrí Pedro Páramo cuando estudiaba
Filología Hispánica en la Universidad. Ya entonces era escritora
secreta y esta novela fue como si me abriera las puertas a mi literatura. Quise
ser como Juan Rulfo, nada menos. El impacto de su escritura fue tan grande
que no solamente dediqué mi tesina al escritor, sino que una de mis
novelas más elogiadas (La intimidad) tiene grandes homenajes a Rulfo.
Pero atención, no es que quisiera escribir como Rulfo, lo que comprendí a
tiempo, y Pedro Páramo me ayudo a descubrir, fue que debía esforzarme
por sacar mi voz literaria. Estar atenta a las voces de mi memoria y echarlas
fuera. Sin vergüenza alguna de ser yo misma escribiendo. Leyendo con profundidad
a Rulfo he aprendido el oficio de escritura.
¿Desde el punto de vista escritural, cuáles fueron sus objetivos
al escribir esta biografía?
Debo confesar que amigos míos escritores, como Carlos Fuentes, Juan
Villoro, Paloma Villegas, Ángeles Mastretta y Fernando Vallejo, me animaron
a emprender esta aventura. Un novelista siempre teme escribir sobre lo que
más admira. Da la sensación de una especie de exposición íntima
de uno. Me ayudó pensar que grandes novelistas como Proust, Beckett,
James, Woolf, etcétera, escribieron biografías literarias. El
escritor se enamora de un autor y le escribe una larga carta de su vida, por
admiración y también porque espera contagiarse de su aliento
creativo. Suponemos (aunque sea una mala suposición) que bebiendo de
su sangre seremos como ellos. El éxito de biógrafo está en
encontrar una forma literaria peculiar para la vida que pretende contar.
Sé bien que para el lector y para el escritor ninguna biografía es completa. Siempre se espera más de una vida ajena. Nunca se puede saberlo todo del retratado. Pero he tratado que los silencios que mi libro también tiene sean reveladores de la vida de Rulfo.
¿Cuáles fueron los mayores retos en la búsqueda de información
sobre un autor rodeado de leyendas y mentiras alimentadas por él mismo?
Escribir biografía es como contar un cuento a un ciego que nunca podrá ver.
Prefiero las biografías en las que la imaginación del autor no
está reñida con la verdad de los hechos. Todo gran escritor es
un fingidor, y en este sentido creo haber captado las estrategias rulfianas.
Es algo que me interesa en mi propia literatura hasta el punto que finjo decir
una verdad cuando estoy diciendo una mentira. He aprendido como lectora que
más cerca está uno de la verdad cuando trata de esconderla con
silencios o sueños que cuando la expone a bocajarro y sin matices. El
novelista, como yo en este caso, parte de una vida hecha. Tiene el argumento,
por decirlo así. Ahora sólo falta darle vida. ¿Cómo?
Encontrando el punto de vista personal. El tono narrativo idóneo para
que la faena sea excelsa.
Escribir este libro ha sido también como trabajar con un rompecabezas en el que el resultado lo da más el azar y las afinidades mías con el retratado que el enorme archivo --de textos, recortes de periódicos y revistas que obtuve-- por otro lado necesario, y de enorme utilidad.
¿Deliberadamente evitó ahondar en la vida
cotidiana del escritor?
Debo insistir en que la mía es una biografía literaria. Me interesa
mucho más el hombre escritor que el hombre a secas. Aunque, bien mirado,
dudo que en un escritor de verdad se pueda hacer esta diferencia. Siempre hay
un vacío en toda biografía por perfecta y completa que pretenda
ser. Dejo la vida cotidiana para los cronistas.
¿Cuáles son los riesgos de una novelista-biógrafa, cómo
controla la imaginación sin contener su propia visión del personaje
que se perfila con el estilo?
La imaginación del biógrafo es el motor de las palabras. Soy
una gran lectora de biografías hechas por escritores. Además,
como cuando se escribe novela, al escribir biografía el arte de la forma
lo es todo.
¿Cómo logró la atmósfera del ambiente que rodeó la
infancia clerical de Rulfo, la iglesia de Apulco, la casa que habitó?
Responder a esta pregunta es como tratar de decir cómo se escribe lo
que se escribe. Precisamente, un novelista puede recrear un escenario real
con más verdad a veces que el cronista. Mi última novela, Reina
de América, es también un retrato de amor y guerra de la Colombia
actual y muchos colombianos se asombran de cómo siendo extranjera he
podido reflejar aquella realidad. Mi respuesta es simple: El poder de la verdadera
literatura.
¿Nunca complementó, en la escritura, alguna información
de espacio o ambiente desde la intuición y deducción?
El biógrafo puede y debe recrear, pero nunca inventar. A veces creo
que si Virginia Woolf fracasó como biógrafa (jamás como
novelista) fue por algo tan sencillo como la elección del sujeto. Eligió a
un pintor en lugar de un escritor. Las biografías literarias se parecen
a aquellos matrimonios pactados y tan bien avenidos. Mayor probabilidad de éxito
tienes si eliges a alguien de tu misma tribu.
Una de tantas miradas a su biografía es la de mantener viva la personificación
del enigma, la ambigüedad y carácter profundamente contradictorio
de Rulfo, ¿se propuso marcar estos rasgos?
No de forma necesariamente razonada aunque me alegro si es cierto, como dices,
que he conseguido que la misma biografía sea un espejo del alma rulfiana.
Rulfo, como Dante, Shakespeare y tantos grandes escritores será siempre
un enigma. De ahí su grandeza. Nunca habrá una única biografía
sobre un autor cuya esencia reside en la complejidad e infinitud de rostros.
El rostro más visible de Rulfo que deja es el del la fragilidad y desazón, ¿cómo
explica la poderosa fuerza de su imagen en nuestro medio?
La tristeza, la sensibilidad, o la locura, incluso, no está reñida
con la fuerza que desprende una persona o un artista. Por lo general, los escritores
poderosos de la historia fueron hombres y mujeres anímicamente derrotados.
Aunque no lo dice directamente, parece que comparte
la idea de que el silencio de Rulfo (además de la infancia aciaga y juventud con precariedades)
proviene de la cura antialcohólica.
Lo dicen varios testimonios y es verdad que hay muchos factores a favor de
esta hipótesis. Pero quiero creer que hay otras razones que también
elaboro con detalle que llevaron a Rulfo a callar. Como gran escritor que era
(y por tanto, excelente lector) tuvo la llamémosle "intuición" suficiente
(aunque yo hablaría de inteligencia) para saber detenerse a tiempo.
El éxito prematuro también suele ser nefasto para todo escritor.
Y en este sentido, en el de su postura como "escritor del No", también
deberíamos considerar a Rulfo como maestro. Los genios tienen pautadas
sus épocas creativas. Lo importante es darse cuenta cuando terminan.
¿Desde su perspectiva, como escritora no mexicana, cree, en verdad,
que Rulfo no fue comprendido por su generación?
Creo sinceramente que el escritor que va lejos camina solo. Y me parece casi
natural la incomprensión de muchos de sus colegas. No podemos cambiar
las reglas del arte. Hay que aceptarlas. Es una señal de que la literatura
existe.
¿Está convencida de que sin sus lecturas de los cronistas de
Indias, Rulfo habría escrito de una manera muy distinta?
Absolutamente convencida. Es más, creo que el estilo de los cronistas
es el corazón del estilo rulfiano. En mi libro he dedicado algunas páginas
ha cotejar ambas narrativas pero, desde mi punto de vista, sería interesante
invitar a otros ha estudiar esas semejanzas.
Cree que escrituralmente Rulfo dejó "apagar la llama" sin
darse cuenta. Se "cruzó de brazos" sabiendo que ya nada podía
o quería hacer?
Es posible que dado su carácter dócil y depresivo decidiera cruzarse
de brazos y seguir viviendo como un escritor, algo que le gustaba, por supuesto
no desde el punto de vista de poder intelectual, sino porque le permitía
contacto con la gente, mimar un poco su ego tan dañado, viajar a otros
países y conversar con algún amigo. Se sabe que los grandes tímidos
suelen ser habladores imparables en la intimidad.
Señala que a partir de la publicación de El llano en llamas,
Rulfo dejó de publicar sus textos acompañados de fotografías
de él mismo, ¿cuál fue la razón?
Mientras lo escribía imaginaba lo que hubiera sucedido con su obra de
haber seguido publicándola con las fotografías que él
hacia. En este sentido, se adelantó a lo que G.W. Sebald ha estado haciendo
con sus libros, llenándolos de fotos suyas, y que está siendo
tan alabado por la crítica. Intuyo que la razón de por qué dejó de
hacerlo pudo obedecer a algún consejo que le dio alguien. O simplemente
debió creer que para ser escritor, debía dejar aparte todo lo
referente a su actividad fotográfica, cuando ahora vemos, tal y como
trato de explicar en el libro, que la fotografía era un argumento esencial
en su narrativa.
Observa, también, la relación Kafka-Rulfo, ¿considera
que el carácter los hizo escritores o su hipersensibilidad los orilló a
la escritura?
Uno y otro eran enfermos del alma. Se sintieron condenados ya desde que eran
niños e hicieron de la escritura su familia y salvamento. Mi impresión
es que tenían un temperamento muy parecido, o mejor dicho, una sensibilidad
similar. Una vida anímica de sótano o archivo. Pertenecen a este
tipo de escritores en los que la frontera entre vida y muerte es inexistente.
Son en realidad los escritores por antonomasia.
Señala que Rulfo como Robert Walser fueron artistas y no intelectuales, ¿que
más afinidades los acerca?
Los acerca una tendencia brutal a la melancolía, que los lleva a ser
grandes andadores, caminantes de paisaje, la afición por el relato breve,
una ironía soterrada, la misma aparente simplicidad de la escritura,
los silencios de sus narrativas, la orfandad vital, sus experiencias con el
sanatorio y el alcoholismo... Y otra cosa muy importante, Kafka fue Kafka gracias
a Robert Walser. Lo mismo podría decirse con García Márquez
que sin la lectura de Rulfo, tal y como aquél admite, hubiera sido otro
tipo de escritor.
¿Cree que con su biografía podrá contribuir a la desmitificación
de la imagen de Rulfo?
No hay necesidad alguna de querer desmitificar la figura de un escritor de
tal importancia como Rulfo. Sería absurdo proponerse un objetivo como éste.
Rulfo seguirá siendo (tal y como dice el Instituto Nobel) el autor de
uno de los 100 libros más importantes de la humanidad. Mi única
pretensión, si puede decirse así, es la de haber querido colocar
a Rulfo en la galería donde se sitúan los grandes escritores
europeos del siglo 20, darlo a conocer todavía más en España,
Europa y Estados Unidos, y que en América Latina puedan darse cuenta
de que disfrutan de tener un autor equiparable a Kafka, Walser, Hofmanstal,
Benjamin, etcétera. Algunas traducciones de sus libros han sido penosas
y ahora es el momento de encontrar los mejores traductores para este autor
esencial. He tratado de escribir la vida del escritor que admiro como si fuera
una profesión de fe y un homenaje. Si ha sido así, el posible
interés de esta biografía se dará por añadidura.
Roberto García Bonilla