«Emily Dickinson iba delante y yo la seguía»
La autora catalana publica un libro de
versiones sobre los poemas y las cartas de
la gran poeta americana del siglo XIX
Texto de/Angélica Tanarro. Fotografía de
Mireya López.
COMO
suele ocurrir con los admiradores de la poeta
americana, la relación de Nuria Amat (Barcelona,
1950) con Emily Dickinson viene de lejos y se
mantiene en el tiempo. La reescritura de sus
poemas era un ejercicio constante que Amat
inició porque «me lo hacía pasar muy bien», pero
sin intención de publicarlos hasta que los vio
Carlos Ortega, el director de Losada, y se
entusiasmó con el proyecto. 'Amor infiel' es el
resultado. Un libro en el que las voces de
Dickinson y Amat van juntas, porque, como
subraya la narradora catalana, no ha hecho una
traducción, sino una versión.
-En el epílogo-diario del libro habla de «reinventar
a Emily». Un asunto arriesgado, ¿no?
-Es que me gustan las cosas difíciles. De
entrada, escribir siempre es difícil. Pero lo
que a mí me hace escribir es precisamente el
impedimento. A ver, no soy masoquista, hablo de
un reto, como cuando estás haciendo un
rompecabezas. Ese reto me da felicidad.
-¿Y no tuvo miedo de que los admiradores de
Dickinson la critiquen que no está su auténtica
voz?
-No sé qué decir. Siempre he creído que los
libros que merecen la pena salen de una forma
natural. Por decirlo así, te son dados. Si yo me
hubiera dicho 'voy a traducir a Emily
Dickinson', probablemente no me hubiera salido.
Pero esta era mi manera de hacerle un pequeño
homenaje. Tengo todas las traducciones que se
han publicado. Pero pensaba que faltaba un libro
que le diera alas a esta autora en español y
creía que podía tratar de reescribirla como yo
la veo y esa misma noche, a la una de la
madrugada, hice las primeras anotaciones en un
libro sobre uno de los poemas. El domingo por la
tarde, que es un momento raro, me puse a hacer
esta labor porque me lo hacia pasar bien.
-¿Qué ha sido lo más complicado del empeño?
-Es difícil decirlo. Ser escritor, tomar esa
decisión ya es vencer un miedo, es echarte al
vacío. Yo no lo concibo de otro modo. Yo no soy
miedosa para según qué cosas, hay miedos que no
tengo pero publicar siempre me da miedo. Yo
llevaba años haciendo esta reescritura como
llevo toda la vida escribiendo poesía en secreto,
sin intención de publicarla. Pero un día llevé a
Carlos (Ortega) algunos poemas para ver qué
opinaba y en seguida quiso publicarlos.
-«Escribir lo más parecido a Dickinson es el
sueño de muchos escritores. También el mío»,
dice en el epílogo. ¿Lo ha conseguido?
-¿Ojalá! El otro día mi traductora al sueco me
decía que este libro en realidad pertenece a un
género nuevo. Y es que hay poemas que son míos
al cinuenta por ciento. Aunque también está ella.
Yo me siento como si el libro lo hubiera escrito
con ella. La Dickinson iba delante y yo la
seguía. Ella iba abriendo el camino en el bosque
y yo iba detrás.
-Me llama la atención que en su larga carrera
como escritora en la que, además de novela, hay
cuentos, ensayos y hasta teatro nunca haya
publicado su poesía. ¿Necesitaba una muleta como
la obra de esta autora?
-Por un lado puede ser esto. Pero en realidad
nunca tuve esa idea preconcebida. Por otro lado
en 'El peso del alma' ya publiqué unos cuentos
poemas que puse en voz de la narradora, pero
esta forma de publicar poesía también puede ser
considerada una muleta. A ver. Lo que yo admiro
en una novela es lo que tiene de poesía. Detesto
que se hable de novela poética porque creo que
en el fondo todas las buenas novelas lo son. La
poesía es la fuente de la novela, Mi primero
libro 'Pan de boda' era un largo poema.
-El libro incluye también algunos poemas cuyo
origen son las cartas de la escritora. Unas
cartas tan poéticas como sus versos.
-Las cartas son poemas. Yo creo que si hubiera
vivido en el siglo XX hubiera escrito novela,
porque sus novelas son sus cartas. Ella
convertía algunos párrafos de sus cartas en
poemas y yo he hecho algo parecido. He unido las
dos cosas. He entresacado frases, aforismos, en
fin, lo que yo considero aforismos y que me
gustan mucho.
-Otra de las transgresiones que se ha permitido
es la de titular los poemas, algo que Dickinson
nunca hizo.
-Si. Aunque quizá si ella los hubiera publicado,
los hubiera puesto título, pero esto no se puede
saber. Yo lo necesitaba y ni siquiera lo
reflexioné. Lo necesitaba como lectora y creo
que pueden ayudar al lector. Van muy bien porque
ayudan al lector a escoger qué quiere leer en
cada momento. Yo digo que Emily Dickinson tiene
un poema para cada momento de la vida. Tiene
varios para cada momento. A mí me ayudó
titularlos.
Sobre la vida
-Hablando de ayuda, la poesía de
Dickinson ayuda a vivir?
-A mí siempre me ha ayudado. Tengo una amiga que
dice que si hubiera publicado antes el libro no
hubieran hecho falta muchos libros de autoayuda
(risas). En fin esto es una broma, pero lo
cierto es que la obra de Dickinson tiene ese
don.
-Ha comentado que, estando el libro ya en la
calle, ha seguido haciendo versiones de sus
poemas.
-Es cierto. Es que es un trabajo que me relaja y
puedo hacerlo mientras hago otras cosas. Por
ejemplo, estoy haciendo versiones de otro poeta,
pero no quiero decir quién por si luego no me
decido a publicarlas. Y además estoy escribiendo
un libro sobre la vida. Un libro que surgió del
trabajo realizado con este 'Amor infiel' porque
me hizo pensar en muchas cosas. No es una novela,
no son cuentos, no es una autobiografía, ni un
ensayo, pero es una mezcla de todo eso. Espero
que el lector se lo pase bien, porque es un
libro un poco especial.
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